Historia de Lanas Orihuela...
Año 1.989:
Mis padres me ayudaron, aconsejándome y guiándome en este proyecto desde el principio.
Mi madre era una tejedora compulsiva, no había modelo que se le resistiera, fuese a punto (aquí decimos "a molde") o a ganchillo. Sólo tenía que mirar un modelo en una revista o escaparate para transformarlo en una gran creación, adapatada a nosotros mismos. Con 4 hijos, tenía que inventárselas para vestirnos, así que desde siempre, no hubo aguja que no dominase a la perfección. Ella me dió la idea de montar la tienda. Ella me aconsejó a diario para que las terminaciones, los tejidos, fuesen los que realmente se necesitaba en ese proyecto.
Mi padre se dedicó a la parte más práctica, y me ayudó con los permisos, la obra, las "cuentas"... era su oficio y siempre fue mi apoyo incondicional.
Mi hermana... Ella me diseñó la tienda, creó para mi este logotipo que conservo a pesar de haber pasado de las lanas "al peso" a las ovilladas, por comodidad y espacio.
Durante muchos años, mi madre me aconsejaba sobre "hechuras" y terminaciones, hasta que llegué a medio dominar este arte. Recuerdo que las clientas me pedían que fuese ella, seguramente porque tampoco se fiaban por mi poca experiencia.
Poco a poco, eso fué cambiando, y aún recuerdo cuando las clientas empezaron a confiar en mi criterio, cuando dejaron de solicitar la experiencia y el consejo de mi madre, para fiarse de los míos... y fue muy gratificante, por fin me había ganado el título de lanera.
Durante todos estos años, la tienda ha ido cambiando de aspecto: Estanterías más cuadradas para las lanas ovilladas, mostrador y mobiliario de escaparates nuevo... pero conservo la misma esencia e ilusión por el trabajo bien hecho, por las clientas satisfechas que me dicen lo bonito que ha quedado, que me muestran orgullosas sus trabajos, desde los más sencillos a los más complicados, todos merecen mi respeto y admiración.
Una de mis clientas más fieles me comentaba en una ocasión que su madre siempre le decía: "Isabel, cuando termines un trabajo y lo muestres, nadie te preguntará cuanto tiempo has tardado en hacerlo, 1 día, 1 semana, 1 mes, 1 año..., sólo verán el resultado y si está bien terminado, por eso, tarda lo que tengas que tardar, haz, deshaz, repite, descose... pero nunca dejes un trabajo mal acabado porque será lo único que se vea de él". Es una frase que me ha quedado gravada, así que siempre INTENTO que mis clientas terminen sus trabajos correctamente, aunque para ello tenga que tirar del hilo en más de una ocasión.
Nadie es perfecto, y se que todos hemos tenido que aprender poco a poco. Yo también aprendo de mis clientes cada día, y por eso intento adaptarme a vuestro horario y necesidades. Es mi trabajo, pero la artesanía sale del corazón, es única y personal. Igual que nosotros no siempre estamos de buen humor, a veces estamos más cansados, o nerviosos, el tejido está vivo, y sabe lo que sientes.
No suelo dar consejos, pero dado que la artesanía hoy en día está diseñada para distraer la mente, disfrútala. Que no sea una obligación, sino una terapia, un apoyo y verás como te devuelve la confianza que has depositado en ella con proyectos cada vez más complicados, más grandes y con resultados que te llenarán de orgullo, de satisfacción por un trabajo bien hecho y acabado.
Han pasado ¡35! años desde que levanté por primera vez la persiana de Lanas Orihuela, en mi ciudad natal, en mi barrio, en la casa de mis padres, mi casa... y estoy feliz de seguir, pero sobre todo, estoy feliz de teneros a mi lado después de tanto tiempo.
Gracias a vosotros más que un trabajo, es mi terapia para afrontar la vida.
Mi nombre es Lola, aunque eso ya lo sabéis, y os doy las gracias por haberme permitido compartir un poco de mi historia con vosotros.